martes, 29 de agosto de 2017

Esto es lo que somos... Sonando en Cuba





Llevar
alegría a la vida de las personas a veces es más importante que dar
alegría a tu propia vida, así siente Paulo FG cuando con ojos llenos de
orgullo y una sonrisa de satisfacción se refiere a lo que ha provocado
Sonando en Cuba en su vida profesional y personal. Rescatar nuestras
raíces musicales, el son, la guaracha… nuestra identidad, porque en
definitiva esto es lo que somos.

miércoles, 26 de julio de 2017

En Cuba, 26 de julio es presente y futuro

Pareciera que la vida de la nación cubana estaría marcada desde sus simientes y para siempre por el sacrificio y el patriotismo de sus hijos. Nada tan alejado de la realidad, al tener que sortear no pocas circunstancias y tendencias propias de los diferentes procesos que dieron lugar a la formación de una sólida nacionalidad. Eso sí, ¡para orgullo y privilegio de los cubanos!
Tales condiciones forjaron a lo largo de las gestas libertarias ansias de independencia y ese espíritu indomable de rebeldía y emancipación que luego de librarse del colonialismo español, los acompañó por más de medio siglo de antipatria de los gobiernos de turno, títeres y corruptos, hasta alcanzar la definitiva y verdadera soberanía política, económica y social.
Un momento cumbre que marcó pautas para frenar las apetencias que desangraban al país y librar al pueblo de la miseria, el hambre, las enfermedades y todas las vicisitudes, fue sin dudas las acciones ejecutadas por los valerosos jóvenes dela Generación del Centenario (conocidos así en honor al natalicio de José Martí), que el 26 de julio de 1953, arrostrando todos los peligros, emprendieron los ataques a los cuarteles Guillermón Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.
Aquella actitud valiente y altruista cristalizó aún más el ideal revolucionario del que emergieron valores y principios genuinos en la epopeya de ser Libres o Mártires, y de cuyo legado se nutrió todo un pueblo hasta convertirse en fuente inagotable para las actuales y futuras generaciones, las que tienen ante sí, no un reto, sino el firme compromiso de garantizar la continuidad histórica de su Revolución.
El desenlace de aquel acontecimiento devino en el Programa del Moncada, cuya fundamentación albergaba las cinco leyes revolucionarias que cambiarían el futuro del país y de su gente, expuestas por el joven abogado Fidel Castro cuando asumió su propia defensa, al ser juzgado el 16 de octubre del propio año y que legó para la posteridad como “La historia me absolverá”.
Este es uno de los documentos más trascendentales de la historia de Cuba, reivindicado cada año al evaluarse la marcha de la Revolución y reflexionar sobre los retos e incentivar la moral combativa y la unidad monolítica del pueblo junto a sus líderes históricos y al Partido de vanguardia que los acompaña en cada uno de los desafíos.
¡Qué no ha hecho la Revolución Cubana desde el 1 de enero de 1959, sino hacer realidad aquel programa! Devolverle al pueblo lo que es del pueblo, en todas sus aristas, como lo fue la Reforma Agraria y las políticas que ha ido implementando siempre en su beneficio, sin distingo de condición política, social, ni credo religioso.
El pueblo cubano ha demostrado con creces que es fiel al ejemplo que recibió de los precursores y padres fundadores de su nacionalidad, que siglo tras siglo lo dieron todo para que hoy tengamos Patria, el mismo pueblo que ha demostrado en más de cientos de ocasiones que bajo cualquier circunstancia jamás renunciará a uno solo de sus principios y convicciones, por difíciles que sean las adversidades.
Sus enemigos siempre han elucubrado la falaz idea de fabricar e inducir la desmemoria histórica, para sugerir embaucadoras limosnas de un sistema adverso y capitalista que los asecha, y que ni por asomo esconde la pretendida intención de socavar la unidad del puebloy destruirla.
Esa historia de sacrificio, entrega y lealtad con la que se forjó esta nación y todas sus conquistas demuestra que la Isla es acreedora de un pueblo heroico, patriota, rebelde y de una dignidad a toda prueba, el mismo que ha brindado y brinda con total desinterés ayuda a los pueblos hermanos, sea cual fuere la latitud y las circunstancias.
La Revolución Cubana sigue sabia y virtuosa, cumpliendo al pie de la letra el legado del Moncada y de Fidel, sus hijos tienen consciencia de que olvidar la historia sería renunciar a las conquistas de uno de los proyectos sociales más justos y equitativos. Todos esos valores que distinguen a los cubanos demuestran siempre y por siempre la razón por la que en Cuba, 26 de julio, más que olvido es presente y futuro.

martes, 18 de julio de 2017

Nicaragua: Mística de Fuerza y Resistencia

Como de costumbre, en vacaciones solía viajar al oriente cubano. Lo hacía solo desde el mismo día que cumplí los nueve años de edad para visitar a mis parientes maternos, pero aquel verano de 1979 tuvo una significación especial para mí. Lllegué a la provincia de Holguín en fecha muy distintiva de los cubanos, 26 de julio, era todo un ambiente de júbilo, allí estaba Fidel.
Recién comenzaba el acto en la Plaza de la Revolución “Mayor General Calixto García Iñiguez”, y escuché por los altavoces al Comandante anunciar la presencia de un grupo de combatientes, jefes y dirigentes nicaragüenses y el augurio de que la cita se convertiría inevitablemente en un acto sandinista.
No dejó de mencionar Fidel los logros y méritos para que el territorio holguinero resultase sede del día de la rebeldía nacional, pero destacó el motivo por el que aquellos abnegados y heroicos hijos del hermano país centroamericano estaban en el acto, apenas una semana antes, el 19 de julio, había triunfado la Revolución Sandinista. Todavía al recordar se me eriza la piel ante los aplausos y exclamaciones del pueblo: “¡Cuba, Nicaragua, unidas vencerán!”.
Todos éramos jóvenes en aquel entonces, para la Revolución Cubana corría el año 20 de la victoria, la celebración del 26 era la número XXVI y como complemento, la naciente victoria sandinista en Nicaragua, colmada de la juventud de sus dirigentes y combatientes. Yo apenas con catorce años en medio de aquel acto en el que Fidel lanzó no pocas interrogantes y diversidad de motivos para aseverar la importancia de ese suceso. Aquellos momentos calaron hondo en mis sentimientos de solidaridad y de aprecio a los valores patrióticos de los hermanos nicaragüenses y ante tamaño acontecimiento sobrevenido de lo más extraordinario y relevante que haya ocurrido en esa década.
El propio Fidel recordó cómo desde Nicaragua partieron naves aéreas a descargar toneladas de bombas sobre Cuba, en uno de los más infames servicios prestados por el tirano Somoza al imperialismo, cuando Girón. Ratificó que luego del triunfo sandinista la historia era otra, calificó de heroicos, valerosos, inteligentes y capaces a los comandantes y combatientes de ese pueblo y su presencia en el acto como expresión fraternal, afectuosa y solidaria.
Un año después, en 1980, se produjo la histórica visita del líder de la Revolución Cubana a Nicaragua, para afianzar lazos naturales e históricos que debieron existir siempre entre el pueblo nicaragüense y el pueblo cubano, obstaculizados durante tanto tiempo por la malsanidad imperial y el servilismo somocista.
A su regreso se produce la actividad central por el 26 de julio en la provincia de Ciego de Ávila, y aunque no estuve en este acto, lo seguí por televisión y volví a vivir la misma emoción. Fidel contagió a todos con los pormenores de las cosas extraordinarias que vivió por esos días intensos en tierras de Sandino; nos conmovió con la alegría y el entusiasmo, de llegar al segundo país latinoamericano que se liberó del imperialismo. Para mí, aquel memorable discurso del Comandante fue una extraordinaria clase de historia.
Entre 1981 y 1982 coincidí en mis estudios con un maravilloso grupo de jóvenes nicaragüenses con los que estreché una entrañable amistad, en particular con Carla, Carlos, Daniel y Janet. Con esta última, muy sólida diría, al converger los mismos sentimientos antiimperialistas, de solidaridad y de amor, por el bien común de nuestros pueblos. Solíamos salir a caminar luego de las jornadas de estudio, hablábamos sobre diversidad de temas y sueños de entonces, entre ellos las complejidades que arrastran las revoluciones y los peligros constantes que las asechan, sobre todo los dirigidos a fragmentarles la unidad.
Recuerdo una ocasión en que ella cocinó, estando en casa de mi abuela, un exquisito “gallo pinto” —arroz con frijoles—, y en la sobremesa compartimos experiencias sobre todos los acontecimientos que vivió al perder a su padre en la guerra y también sufrir prisión durante la brutal represión somocista. Hubo un momento en que me pregunta:
¿A qué aspiras en esta vida, Daniel?
—Llegar a ser un luchador por la libertad de este continente, le dije resueltamente quizás sin calcular qué sería mi vida en lo adelante, y le pregunté: ¿Y vos, qué eres?
Una de las masas de mi pueblo que se emancipa y agiganta para consolidar la unidad de la América toda en defensa del imperialismo que la acosa.
Me respondió así, con la mirada profunda y una sonrisa leve, luego de meditar unos instantes, para ratificarme que solo la fuerza y la resistencia junto a la unidad infranqueable de los pueblos podrán poner freno a todo cuanto los hace peligrar.
Meses después de aquel encuentro nos despedimos con un fuerte abrazo y me dijo: si alguna vez vas a Nicaragua, allí estaré en Managua, dos cuadras al lago, frente al arbolito, con las mismas ideas y sueños de hoy para no dejar morir la patria rojinegra, ¡Patria Libre o Morir, Daniel!
Casi treinta y ocho años después, los acontecimientos vividos han demostrado con creces cuánto de cierto había en el pensamiento bisoño pero prospectivo de mi entrañable amiga. Hoy cuando esa unidad se ve amenazada pienso en la visión de Fidel, al apreciar que cada país tiene su camino, sus problemas, su estilo, sus métodos y sus objetivos, pero en medio de esa diversidad hay que construir consensos y consolidar la unidad.
Nicaragua vive la continuidad de un proceso popular desde que puso fin a la dictadura de Anastasio Somoza en 1979, y a pesar de no pocos escollos naturales o propiciados por condiciones internas y externas que ha tenido que librar a lo largo de su historia, demuestra con creces la voluntad de su fuerza dirigente y ese espíritu de juventud que acompaña a su pueblo en todos los frentes.
Razón tenía Fidel al enarbolar que “…la Revolución Nicaragüense se destacó por su heroísmo, por su perseverancia, por la tenacidad…”, mas le agregó a esa verdadera epopeya popular sus largos años de lucha para preservar la unidad y el concilio nacional, sabido de que es un factor esencial para el desarrollo y alcance de sus metas, y que nunca ha dejado de representar una fruta anhelada en la región por quienes lo pretenden todo y le codician sus bienes naturales y geoestratégicos para sí.
Ese pueblo hermano, a pesar de contar aún con una economía poco diversificada —centrada mayormente en el desarrollo textil— ha logrado reducir los índices de pobreza en diez años de un 46 a un 29 por ciento (2006-2016), el desempleo ronda el 6,8 por ciento, y su PIB alcanzó en 2016 un 4.8 por ciento, lo cual es significativo. En la esfera social, por solo mencionar un ejemplo, la emancipación de la mujer ha permitido que estas ocupen hoy el 50% de los cargos en el país. En la arena regional e internacional se destaca por su apego inquebrantable a las causas justas y en defensa de los pueblos, su solidaridad y acción en función de los proyectos y procesos integracionistas.
Por estos días se está celebrando el XXIII Encuentro Anual del Foro de Sao Paulo en Managua, Nicaragua, con la convicción de que algún día, tal como expresó el inolvidable Comandante en Jefe de la Revolución Cubana: “(…) las consignas de “Patria Libre o Morir” y “Patria o Muerte”, tendrán que ser las consignas de todos los pueblos de América Latina y del Caribe…”.
La patria de Sandino y de Carlos Fonseca Amador trabaja por preservar la unidad de acción y la defensa sin límites de las causas justas, lo mejor y lo más sabio que podemos hacer en estos momentos para encumbrar a nuestros pueblos.
Sé que en ese empeño revolucionario de hoy están el pensamiento y la acción de aquel grupo de estudiantes nicaragüenses con los que tuve la dicha de compartir durante una etapa de estudios, a los que se han sumado más de un millar de jóvenes graduados en Cuba, y que en Nicaragua hay otros muchos como Carla, Carlos, Daniel y Janet, que han sabido dar de sí cuanta obra humana haya sido posible en pos del desarrollo armónico y de la unidad monolítica junto a sus dirigentes, para no dejar morir esa mística de fuerza y resistencia que tiene la Revolución Sandinista en la gente, y en mí.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Transmisión especial de Conexión Cuba

https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwieiYaO-fzSAhUj9IMKHWShD94QFggbMAA&url=https%3A%2F%2Fwww.ivoox.com%2Ftransmision-especial-conexion-cuba-venezuelanoestasola-audios-mp3_rf_17848223_1.html&usg=AFQjCNFJLYZoAoQqH5AMdOyN04_C5gKHLA&sig2=G44gmU9RzVvwN75r5-qxXg

lunes, 27 de febrero de 2017

Gente de la tierra

Gente de la tierra
A esta cita no podía faltar. Justo a las 4 de la tarde del pasado 17 de febrero me conseguí llegar hasta la Casa del Alba Cultural, allá en la cosmopolita barriada de El Vedado, en La Habana, #Cuba. Allí estaban Chávez y Fidel, los gigantes invictos, en la buena vibra del cantautor Raúl Torres, entre la ida a misa y la cabalgata sin jinete, y en el alma de los agradecidos allí presentes, había gente de la tierra que les tributó el aplauso emocionado. Luego, la presentadora, el historiador, los ministros de cultura de Cuba y Venezuela, Abel Prieto y Adán Chávez, y el vigor todo para anunciar un sueño, una colección de primera fuente que nos trae ideas y reflexiones, “necesarias de toda necesidad”, la valiosísima experiencia de los Aló Presidente Teórico, concebidos entre los meses de junio y agosto de 2009 por el Comandante Presidente, para invitarnos, tal y como él mismo expresó: “a estudiar y profundizar la teoría, las ideas”.
Un material fresquito, de primera pues, que nos transporta a ese incuestionable foro de educación popular y nos hace volver a vivir la experiencia de cómo hacer comunicación revolucionaria. Y es que el propio Chávez lo decía: “es imposible que haya una revolución sino hay una teoría revolucionaria”, una teoría que sirva para iluminar los caminos de la praxis transformadora, y poder ver con claridad para avanzar. Y, a eso los invito vale, a crear conciencia, aceptar el reto de los gigantes y vencer el desafío, para seguir teniendo Patria.
Allí Adán me obsequió dos libros, uno lo firmó para mí, el otro lo dediqué a un joven doctor en Ciencias Políticas, estudioso de las relaciones interamericanas y de los procesos integracionistas; sabría entonces que le resultaría sumamente interesante para su acervo y que lo disfrutaría con creces; es, de los agradecidos, un convencido que aceptó el desafío, asume el reto y va por más, porque sabe que en ese justo empeño se obra para todos y todas, por el bien común, aún en medio de la diversidad y las diferencias, que como él mismo expresa en su libro “Los desafíos de la integración en América Latina y el Caribe”: “Nos unen más cosas que las que nos separan: identidad de lengua, costumbres, religión, sentimientos de rebeldía, anticolonialistas y antiimperialistas, toda una mezcla autóctona de una riqueza cultural y espiritual incalculable”. Gracias Abel Enrique González Santamaría, por ser también “gente de la tierra”.
Pude comentarle entonces del obsequio del Aló Presidente teórico, en la mañana del 18 de febrero, justo minutos antes de la presentación de su libro en el patio del Pabellón Cuba, allí también estaban los gigantes, Chávez y Fidel, esta vez en el espíritu de la misma “gente de la tierra”, vi héroes, intelectuales, trabajadores, estudiantes, muchos y muchas jóvenes, alegres, sonrientes y comprometidos. Estaba también mi otro amigo, el joven doctor en Ciencias Históricas, Elier Ramírez Cañedo, que compartió la mesa de presentación con Abel, para presentar el primer volumen del libro: “Hacia una cultura del debate”, fruto del espacio “Dialogar, dialogar”, de la Asociación Hermanos Saíz, que recoge una selección de intervenciones de destacados intelectuales invitados al mismo en los dos últimos años; diálogos en los cuales se han abordado los más polémicos y variados temas de la realidad actual y de la historia reciente de la Isla y que demuestra que Cuba se repiensa desde diversas aristas.
Hasta allí llegó el otro Abel, el ministro, intelectual patriota y visionario de las batallas por librar y del modo de hacerlo, para disertar el paritorio de ambos libros, sobre sus autores y otras muchas interesantes reflexiones, en medio de un día divino en que los rayos del sol mañanero asistían también a esta provechosa y necesaria salutación, en sus manos traía un ejemplar del Aló Presidente teórico.
Sé que ahorita saltará algún “curioso” para sojuzgar el por qué del término “Gente de la tierra”. Vaya orgullo ese –el de los patriotas-, los de casa, o los de fuera, de la chica o de la grande, donde estén, pero al fin y al cabo, patriotas. No obstante, les comento que el término data del 1603, allá por Bayamo, en el oriente cubano, escrito por el gobernador Pedro Valdés en una carta dirigida al Rey Felipe III, en la que explica que la gente de la tierra defiende sus intereses e impide que las autoridades coloniales puedan…, pero bueno, amigos y amigas, si llegaron hasta aquí, gracias, si localizan los tres libros mejor, compartirán con un Chávez en la luminosa plenitud de su pensamiento; comprenderán mejor ese camino largo, sangriento y con innumerables obstáculos en esa nueva visión de los desafíos de la integración que nos propone Abel; y serán acreedores de una cultura del debate capaces de discernir entre lo que empobrece espiritualmente en términos culturales y lo que enaltece y emancipa al ser humano, como nos sugiere Elier.
Ahí les dejo algunas imágenes de esos momentos inolvidables junto a la “gente de la tierra”. ¡Ah! Yo también soy de esa gente y, con ellos, siempre voy a hacer causa común. Gracias. Un abrazo.