lunes, 8 de febrero de 2016

De erotismo notable y carente de componentes perversos



 
“Y te cuento”

Tenías el rostro tranquilo, feliz y henchido de placer,
En medio de la noche y su silencio,
La penúltima del año y del sueño tremendo al que asistí,
Para llevarte, y te cuento.

Sin saber cómo quedé allí, bebiéndome el aire de tu piel,
Tibia y fresca, y con la nariz pegada a la antrepierna
Y mis labios besados a la braga.

Supe luego que anduve con mis manos tus espacios
Y palpé con la mejilla tu pecho para sentir tu corazoncito agitado, pues ya toda toda te había amado.

De tu lado al mío te vas y apenas me repongo de la calma,
Siento en el regazo y a horcajadas que acercas tu braga,
Tanto, que me despiertas las ansias.

Me dispongo al asiento para sostenerte,
Te llevo a tus espaldas, vuelven tus piernas a mis extremos,
Y quedo en el aroma de tus senos para besarte el alma.

Cargo con mis manos tus caderas para suavemente descender, Hasta subir y emerger, y no soportas más allá –estremeces–,
y me llevas sobre ti, que hierves la calma que recuerdo.

Entonces supe cómo quedé allí con la nariz en la entrepierna
Y mis labios besados a la piel tibia y fresca que me convida,
Mientras un rayo de luz anuncia que amanece,
Luego de una noche lúdica y encendida,
Para invitarnos a despedir el año que termina.

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