“Y te cuento”
Tenías el rostro tranquilo, feliz
y henchido de placer,
En medio de la noche y su silencio,
La penúltima del año y del sueño
tremendo al que asistí,
Para llevarte, y te cuento.
Sin saber cómo quedé allí,
bebiéndome el aire de tu piel,
Tibia y fresca, y con la nariz
pegada a la antrepierna
Y mis labios besados a la braga.
Supe luego que anduve con mis
manos tus espacios
Y palpé con la mejilla tu pecho para
sentir tu corazoncito agitado, pues ya toda toda te había amado.
De tu lado al mío te vas y apenas
me repongo de la calma,
Siento en el regazo y a
horcajadas que acercas tu braga,
Tanto, que me despiertas las
ansias.
Me dispongo al asiento para
sostenerte,
Te llevo a tus espaldas, vuelven tus
piernas a mis extremos,
Y quedo en el aroma de tus senos
para besarte el alma.
Cargo con mis manos tus caderas para
suavemente descender, Hasta subir y emerger, y no soportas más allá –estremeces–,
y me llevas sobre ti, que hierves
la calma que recuerdo.
Entonces supe cómo quedé allí con
la nariz en la entrepierna
Y mis labios besados a la piel
tibia y fresca que me convida,
Mientras un rayo de luz anuncia
que amanece,
Luego de una noche lúdica y
encendida,
Para invitarnos a despedir el año
que termina.

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